Los juegos infantiles y la educación

 

El juego representa un aspecto esencial en el desarrollo del infante, en cuanto a que está ligado al desarrollo del conocimiento, de la afectividad, de la motricidad y de la socialización del niño, en pocas palabras, el juego es la vida misma del niño.

En razón de la importancia que tiene el juego para la niñez, este ha sido motivo de gran cantidad de estudios e investigaciones, de los que han surgido diferentes teorías y en las que analizaremos aquellos aspectos que resulten significativos para el presente trabajo.

K. Groos, en 1896 realizó una de las primeras investigaciones profundas sobre el "juego de los animales" y posteriormente, estudió los juegos en los seres humanos, pero el hecho de partir del análisis del juego animal dificultó en gran parte, la comprensión y análisis del juego infantil. Esta tendencia que adhirió y continuó Claparéde, enfocó al juego dentro de lo que definió como la teoría del preejercício, y la definía como un ejercicio de tendencias instintivas que posteriormente encontrarían en la vida adulta, su aplicación concreta en el trabajo, en el deporte o en la vida cotidiana. Los dividía en juegos de experimentación o juegos de funciones generales y en juegos de funciones especiales. Los primeros comprenden a los juegos sensoriales, como por ejemplo, auditivos, visuales, táctiles, silbidos, etc.; los juegos motores: carreras, saltos, canicas, etc. ; los juegos intelectuales: de imaginación, de resolución de problemas, de curiosidad, etc.; los juegos afectivos y de ejercitación de la voluntad: contener la respiración el mayor tiempo posible, adoptar posiciones difíciles, etc.; los juegos de funciones especiales comprenden a los juegos de persecución, de lucha, de imitación, de actividades familiares y sociales.

La teoría del preejercicio tiende a comprender la naturaleza del juego por fines instintivos y biológicos de predisposición hereditaria; en razón de que ciertos instintos se desarrollarán con el ejercicio y, por lo tanto, se perfeccionarán para operar posteriormente en la vida adulta. Claparéde retoma de esta teoría, el valor concedido al juego como factor estimulante para el sistema nervioso y del desarrollo de los órganos corporales. Por lo que está teoría, considera que el juego es como un ejercicio preparatorio para la vida y tiene como objeto el libre desarrollo de los instintos heredados todavía sin formar, el juego resulta así un agente natural educativo.

"No se debería decir de un niño solamente crece, habría que decir que se desarrolla por el juego. Mediante el juego hace actuar las posibilidades que fluyen de su estructura particular; realiza las potencial virtuales que afloran sucesivamente a la superficie de su ser, las asimila y las desarrolla, las une y las complica, coordina su ser y le da vigor"

Jean Chateau

Por lo que, gracias al tiempo que dura la infancia, en los animales y en los seres humanos, posibilita una etapa de plasticidad que permite que a través del juego, se experimente, se pruebe y se imite. Por medio del entrenamiento que otorga el juego, se desarrollan las funciones fisiológicas y psíquicas del niño.

Una manifestación del juego, que aparece incluso, antes del primer año de vida, consiste en los diversos movimientos que el niño realiza y que para los adultos, parecerían inútiles. Sin embargo, esta actividad posibilita el desarrollo de funciones fundamentales, y a la vez, permite estructurar, el lenguaje, etc. Estos Juegos que son simples ejercicios de funciones, Ch. Bühler, los denomino juegos funcionales: "La actividad que comportan los juegos funcionales permite a cada función explorar su dominio y extenderse para originar nuevos resultados. Así se ha podido señalar que la aparición en el niño de toda función nueva (hablar, caminar, etc.) da siempre lugar a múltiples juegos funcionales como si el niño quisiera probar la función en todas sus posibilidades".

El juego permite al niño construir un mundo aparte, evadirse de la realidad para entenderla mejor - de la misma forma que un profesional, cuando tiene que realizar un trabajo necesita abandonar la "tiranía" de lo real, y por medio del pensamiento desarrollar un proyecto que le permita posteriormente, enfrentar la realidad y transformarla - para Chateau, la desvinculación del medio ambiente es la característica del proyecto, y el niño es el juego "participa también de esta naturaleza del proyecto. Jugar a la madre y a la hija, ejercitarse en el plano de lo imaginario para la realización concreta futura. El mundo del juego es entonces una anticipación del mundo de las ocupaciones serias. Sin duda se nos dirá que el niño no ve tan lejos, que el juego no es un adiestramiento. Ya lo hemos dicho. Pero la prueba del juego realiza de hecho un adiestramiento involuntario. El juego prepara para la vida seria, como lo ha visto Groos. En consecuencia, se puede concebir el juego como un rodeo que conduce finalmente a la vida, como un proyecto de vida seria que la bosqueja de antemano. Por el juego, el niño conquista esa autonomía, esa personalidad y hasta esos esquemas prácticos que necesitará en la actividad adulta.

Por lo que, por medio del juego, el niño se aleja del mundo real y puede comprender ese mundo distinto al propio; "el mundo adulto"; a la vez, que va conformando su futura personalidad que le permitirá incursionar con éxito en el mundo de la actividad social y laboral. Como muchos autores lo han señalado, el juego desempeña en la infancia el rol que el trabajo desempeña en el adulto. De aquí la importancia fundamental del juego infantil: un niño que ha jugado adecuadamente será un adulto que se integre constructiva y creativamente a su realidad. Por medio del juego, el niño se prueba física y mentalmente, y esto le permite ganar autonomía y afirmar su yo.

Al respecto, Chateau escribe: "Sin duda el juego del niño es un ejercicio como el juego animal, pero en el espíritu del niño que juega es ante todo una prueba de su personalidad y una afirmación de sí".

Henry Wallon, un científico que trabajó sobre la evolución psicológica del niño y abrió el camino para múltiples ensayos prácticos en el campo del movimiento y el juego, considera que "..el juego se confunde bastante bien con la actividad entera del niño, mientras ésta sigue siendo espontánea y no recibe sus objetivos de las disciplinas educativas". Desde otro punto de vista, la cita anterior marca también para nosotros, la limitación que imponemos a la actividad espontánea del niño cuando tratamos de enfocar el juego dentro de los parámetros de lo pedagógico. Wallon realiza la siguiente clasificación de los juegos correlacionándolos con las etapas evolutivas:

  • Juegos funcionales

  • Juegos de ficción

  • Juegos de Adquisición y

  • Juegos de fabricación

Respecto a los juegos funcionales, los entiende como aquellos que comprenden toda actividad que se guía por la ley del efecto, y que además son movimientos elementales y muy simples; movimientos que tienden a lograr el dominio de ciertos gestos y a ejercitar el auto-conocimiento corporal, como mover los dedos, tocarse un pie o alcanzar un objeto, producir sonidos, tirar cosas, es decir, las diferentes formas que ayudan para nuestro desarrollo evolutivo para conocernos y conocer el medio exterior, y que nos sirven a la vez, para experimentar y ganar experiencia. Estos juegos permiten al niño experimentar con su propio cuerpo y con los objetos externos. Posteriormente, en una segunda etapa, el niño comenzará con los juegos de ficción, como por ejemplo, jugar a la familia y a la comida, jugar a las muñecas, a los indios, etc. Más adelante, los juegos de adquisición le permitirán recibir y comprender a los seres humanos y a las cosas que lo rodean por medio de sus sentidos y la razón, el niño absorberá todo, no se cansará de oír relatos y cuentos, de aprender canciones no de realizar cualquier esfuerzo para captar el medio y la cultura de su realidad circundante.

Por último, en los juegos de fabricación se va a producir la síntesis integradora de las anteriores etapas, por medio de estos juegos el niño opera con los objetos y los va a combinar, reunir, y en la medida que se va ejercitando aprende a modificar, transformar y construir nuevos objetos o juguetes.

Por lo que Wallon, existe una progresión funcional que determina la sucesión de las etapas de los juegos en el proceso evolutivo. "En efecto, las etapas que sigue el desarrollo del niño están marcadas, cada una de ellas, por la exposición de actividades que parecen, durante cierto tiempo, acapararlo casi totalmente, y cuyos efectos posibles él no se cansa de perseguir. Estas actividades jalonan su evolución funcional, y algunos de los rasgos de éstas pueden retenerse como pruebas para discernir o medir la aptitud correspondiente".

Al preguntarse la razón por la que se ha dado a estas diversas actividades la denominación de juego, considera que es producto de asimilarlas al juego del adulto, pero inmediatamente va a marcar las diferencias, entendiendo primeramente que el juego infantil es "expansión", y desde este punto de vista se opone a una actividad seria como es el trabajo; si bien, el juego es una actividad que no exige esfuerzo, muchas veces exige más energías que las requeridas para las actividades de la vida cotidiana; por eso el mismo autor señala: " No existen actividades, por arduas que sean, que no puedan servir de motivo al juego. Muchos juegos buscan la dificultad, pero es menester que esta dificultad sea buscada por sí misma. Los temas que se propone el juego no deben tener su razón fuera de sí mismos. Se ha podido aplicar el juego la definición que ha dado Kant del arte: "una finalidad sin fin", una realización que sólo tiende a realizarse a sí misma. Desde el momento en que una actividad se vuelve utilitaria y se subordina como medio a un fin, pierde la atracción y los caracteres del juego.

Por medio de los diversos juegos que la tradición infantil ha ido legando de una generación a otra y dentro de los marcos de las diferentes culturas y sociedades, se pueden rescatar ciertos juegos "universales" que han tomado una forma definida y específica, y que los estudiosos podrían llegar a estructurar como baterías para evaluar el desarrollo evolutivo. "De edad en edad, estos juegos señalan el advenimiento de las funciones más diversas. Funciones sensoriomotrices, con sus pruebas de habilidad, de precisión y rapidez, pero también de clasificación intelectual y de reacción diferenciada. Funciones de articulación, de memoria verbal, de enumeración, como los trabalenguas. O también funciones de sociabilidad, bajo la cubierta de esos partidos que compiten equipos, clanes y bandas, y en los cuales los papeles se distribuyen de acuerdo con la colaboración más eficaz para el éxito común sobre el adversario".

No puede darse el juego si no se produce una satisfacción que permita superar las limitaciones o imposiciones de las normas que responden a las actividades responsables de la vida laboral o cotidiana. Si bien, el juego puede llegar a ocuparse de estas actividades, en la medida que se puedan realizar libremente, el juego del niño resulta una exploración alegre y apasionada del entorno y que tiende a experimentar la función en las más diversas y amplias posibilidades.

Por medio de un riguroso análisis Wallon llega a la siguiente premisa: "El juego es la consecuencia del contraste entre una actividad liberada y las actividades en las que normalmente se integra. El juego evoluciona en medio de oposiciones y se realiza superándolas".

En razón de ser una actividad libre, el juego se perdería rápidamente en reiteraciones que lo volverían monótono y aburrido, la superación de estos bloqueos es posible gracias a las reglas a las que se tiene que sujetar. Dichas reglas sirven de guía para resolver las dificultades específicamente elegidas y a la vez, permiten al niño probarse. El placer del juego está en lo incierto e inesperado y en la superación de las dificultades que imponen las mismas reglas. La necesidad de evitar toda previsibilidad de los resultados en el juego hace que tenga que unirse estrechamente a lo inesperado, a lo imprevisto, es decir, al orden del azar. Por esta razón señala Wallon: "Las reglas del juego sueles consistir el la organización del azar, y compensas de este modo lo que el simple ejercicio de las aptitudes podría tener de excesivamente regular y monótono. El azar es el antídoto del destino cotidiano: contribuye a sustraerse a él. El azar mezcla así a los placeres funcionales un cierto sabor de aventura.

En el juego viven estrechamente interrelacionadas la ficción y la realidad. El juego permite disparar la libre fantasía respecto a las cosas, pero el niño no se engaña, en él opera constantemente el plano de la observación y la credulidad cómplice que acuerdan los jugadores. Estos dos planos no dejan de superponerse constantemente.

En todo este proceso la función de la imitación tiene un rol muy importante dentro del juego, de la misma forma que el niño se auto-conforma como el "personaje" que admira y se imagina diferentes situaciones en las que actúa de acuerdo a su personaje. Wallon realiza un análisis sistemático y preciso de este complejo proceso psicológico de la infancia: "El niño repite en sus juegos las impresiones que acaba de vivir, las reproduce y las imita. En el caso de los más pequeños, la imitación es la regla del juego. La imitación es lo único accesible para ellos, mientras no pueden superar el modelo concreto y viviente, y captar la consigna abstracta. Pues la comprensión infantil es tan sólo una asimilación de otro a sí mismo, y de sí mismo a otro, en la cual la imitación desempeña justamente un gran papel. Como instrumento de esta fusión, la imitación presenta una ambivalencia que explica ciertos contrastes en los cuales el juego encuentra alimento. Esta comprensión no es causal: es muy selectiva en el niño, y se vincula a los seres que tienen para él el máximo prestigio, los seres que suscitan sus sentimientos y que ejercen una atracción de la cual, por lo general, no está ausente su afecto. Al mismo tiempo, él mismo se convierte en sus personajes. Siempre dedicado a lo que está en vías de ejecutarse, el niño se imagina y se quiere poner en el lugar de sus personajes.

Por medio del juego, el niño canaliza su deseo de extender la actividad a todo lo que lo rodea, de conquistar el medio y no ser manejado por éste así como captar y absorber la realidad y no ser dominado por ella.

Desde el punto de vista de nuestro trabajo, Wallon no enfrenta a la contradicción de tener que aceptar que si el juego del niño está condicionado por la disciplina y finalidad educativa deja de ser juego. Pero por otro lado, el estímulo de la educación no debe ser el miedo al castigo, sino la necesidad y el interés del niño por lo que trata de realizar o asimilar, el juego resulta un elemento esencial para articular una educación renovadora en donde la disciplina interna pueda sustituir a la externa. Esta es la razón de que los trabajos escolares orientados por medio del juego pueden llegar a conformar una institución escolar adaptada a los intereses y necesidades de la infancia.

Oscar A. Zapata

Libro: Juego y Aprendizaje Escolar

Editorial Pax

 

 

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