El juego

 

Todo juego es un ejemplo de situaciones que vivimos en la vida real, ayuda a que nuestras experiencias sean más intensas, llenándonos de suspenso y excitación.

El juego resulta fundamental desde nuestro nacimiento marcando el futuro de nuestra vida como adultos.

Los primeros en enseñarnos el juego suelen ser nuestros padres y nuestros primeros jugueteos comienzan al hacer caras chistosas. Por ejemplo, entre los tres y seis meses de edad, tanto la madre como el bebé aprenden a imitarse haciéndose caras o descubriendo cada uno la cara escondida del otro a través de la servilleta. La excitación se da por medio de una tensión entre la cara que se espera y la que realmente nos están haciendo. Aprendemos a reír con la excitación de lo que está por venir y descargamos esa tensión al carcajearnos o cuando aparecen las cosquillas.

El juego en la niñez nos permite relacionarnos con el mundo que nos rodea, interactuar con otros seres humanos y comprender mejor a los demás. El juego es riqueza en sí mismo, nos enseña a enfrentarnos a la vida, nos permite convivir, descansar, conseguir metas y mejorar nuestras relaciones humanas como el dar y recibir amor.

El juego es un proceso creativo, nos hace más equilibrados porque aprendemos como interactuar con otros, más sanos porque ayuda a descargar nuestras tensiones relajándonos y más alegres porque reímos y gozamos.

No podemos imaginar la vida humana o animal sin el juego. No puede existir relación humana ni amor sin el juego, es también un ejemplo de por qué en la pareja el jugueteo y el amor serán siempre primordiales.

Por eso el juego es movimiento y pensamiento. Desde realizar un deporte, brincar, perseguir una mariposa, patear una pelota o simplemente meter la mano en la arena de una playa, hasta descansar con nuestros pensamientos, dibujar solitariamente o contar cuentos en pareja o grupos.

La más vieja y profunda aspiración de la humanidad es el juego. Es más antiguo que la cultura, todo animal juega sin necesidad de que se le enseñe y un bebé humano aprende a jugar solo si lo dejamos hacerlo.

Atrás de cada pensamiento existe un "juego de palabras o imagenes".

El juego es libre porque puede comenzar y terminar cuando uno quiere, pero cuando le damos un sentido social, se puede convertir en deber ya que exige reglas, crea un orden y el amor forma parte de este proceso. Nace la necesidad de ganar, de ser mejor, de superarnos, de dar amor o amistad y es cuando le damos una utilidad.

Un hombre al correr es como el niño al jugar, porque sus acciones son como un rito con el único propósito de llevar a cabo un esfuerzo agotador al correr, es conocer hasta donde llega nuestra propia fuerza. Con la mente el atleta proyecta su juego hasta donde le es posible, desarrollando sus habilidades, saltando así, con gran imaginación hacia el futuro, hacia el siguiente paso, hacia la perfección de movimientos y en la búsqueda de nuevas destrezas. Vivir puede ser muy difícil, pero también es parte de un juego. Tenemos ante nosotros la posibilidad de participar, de ser observadores solitarios o de trabajar jugando.

La vida es un juego en donde integramos nuestro cuerpo y mente de manera absoluta y total, lo que nos permite la realización de una matea y el crecimiento continuo con el desarrollo de nuestras habilidades.

Ver el trabajo como un juego nos permitirá ser más productivos y disfrutar lo que hacemos a cada momento con mayor alegría y perfección. El juego ha impulsado al hombre a madurar, a desarrollarse culturalmente y amar.

Además de lo anterior, por medio del juego el niño está aprendiendo fácilmente a manejar la computadora en formas sorprendentes, muchas escuelas ya lo enseñan desde los primeros grados, están preparándose para el porvenir, lo que nos queda es apoyarlos y así como hoy cuidamos a nuestros hijos de los programas de televisión para adultos, tendremos que hacerlo con aquellos videos juegos que estén fuera de su entendimiento y comprensión.

Otra forma de juego es el deporte que además de apoyar a un mejor desarrollo físico y mental, nos puede enseñar una disciplina y reglas que nos ayudarán a obtener éxito en otras esferas de la vida. Por ejemplo, el motivo para conseguir una meta puede ser el mismo al realizar un trabajo intelectual o físico.

Cuando un niño juega, nos enseña la conducta que ha aprendido junto con otros niños y adultos. Tanto en la escuela como en su relación familiar, las reglas y lo que ha vivido lo repite como un patrón, es decir, una niña que juega con una muñeca a ser la mamá, hija o maestra, nos habla de como siente, piensa, se comporta y reacciona ante las situaciones que enfrenta a diario por medio de juegos imaginarios, al igual que el niño lo hace con los juguetes, lo que le permite desarrollar sus potencialidades, las cuales le ayudarán posteriormente para enfrentarse al futuro.

Si queremos averiguar como sienten y piensan los niños, más que interrogarlos, debemos jugar con ellos. Para comprender la conducta infantil, los terapeutas juegan junto con los niños analizando sus reacciones, así entienden los que les puede estar sucediendo y con ello la posibilidad de ofrecer soluciones satisfactorias.

Todo juego es parte integral de la vida, forma las bases para las relaciones humanas, la creatividad y el desarrollo de nuestra imaginación.

El jugar como realizar ejercicios en cualquiera de sus formas, desarrollará mayores destrezas físicas y mentales, las que se convertirán en estrategias nuevas que nos permitan estar mejor preparados para enfrentarnos a la vida real y rápidamente cambiante del nuevo siglo XXI.

 

Artículo tomado del libro Técnicas prácticas de Gimnasia Cerebral

Autor Alberto Amador Pizá Editorial Ediciones Simer 

 

 

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