Modelo educativo Plancartista

 

El modelo de educación Plancartista, en un modelo que se desarrolló hace 130 años por José Antonio Plancarte y Labastida y pareciera que fue desarrollado para atender las realidades y necesidades del próximo milenio. En primer lugar porque enfatiza la formación en valores, en segundo lugar porque su sistema didáctico incluye muchos principios de las Teorías modernas de aprendizaje y por último porque esta dedicado principalmente a la educación de la mujer.

"La educación consiste principalmente en la formación del corazón; y siendo este el arma más poderosa de la mujer, a nadie le conviene mejor que a ella".

José Antonio Plancarte y Labastida, nació en México, D.F. el 23 de Diciembre de 1840. Polifacético Sacerdote católico que tuvo la osadía, en 1867, de fundar en Jacona un Colegio para niñas.

El amor de Plancarte por la educación, y el empeño y la dedicación con que se entregó a ella, le llevaron a concebirla de una manera peculiar: Privilegiar la educación del corazón.

Las dos capacidades que constituyen al ser humano en cuanto tal, son la inteligencia, como capacidad de razonar, y la voluntad, como capacidad de amar. En un sentido un tanto simbólico, se suele decir que la cabeza es la sede de la inteligencia y el corazón es la sede de la voluntad y el amor.

Pensadores, filósofos y pedagogos, a lo largo de la historia, han privilegiado una u otra de estas capacidades. Hay quienes proponen que la inteligencia precede a la voluntad (intelectualismo) y hay quienes afirman que es ésta la que precede a aquélla (voluntarismo).

De la postura que se tome al respecto, se derivan una serie de consecuencias pedagógicas que configuran e incluso determinan el quehacer educativo de las personas e instituciones. La postura de José Antonio Plancarte fue muy clara: "La educación consiste principalmente en la formación del corazón. Me repugna ver cómo se llena la cabeza y se deja vacío el corazón".

El modelo Plancartista parte del fundamento que la mujer ejerce una gran influencia en el hombre, en la familia y en la sociedad. Tiene un don natural de liderazgo que ejerce en su entorno. Por lo tanto se requiere de una educación dinámica, creativa, innovadora, que lejos de adormecer, masificar o estandarizar a las niñas, las impulse a conquistar para sí mismas y para los demás un elevado nivel de calidad humana, aprovechando precisamente su capacidad de liderazgo.

José Antonio Plancarte constata las diferencias que hay entre el hombre y la mujer y concluye que el poder de ésta radica justamente en su fuerza moral. Decía que la influencia que la mujer ejerce sobre el hombre, puede ser positiva o negativa; es obvio que el camino para que dicho influjo sólo sea positivo, es la educación y esto, en último término, será fuente de bienestar para ellos: "....la educación de la mujer, como fuente de la felicidad del hombre".

José Antonio Plancarte afirmaba: "Requerimos educar mujeres que amen su sexo, que amen el trabajo, mujeres que moralicen al hombre".

Y cuando habla del hombre, no solo hablaba del esposo: " ..ella, como madre, forma al hombre niño; Como hija, edifica al hombre padre; como hermana, corrige al hombre hermano; como esposa perfecciona al hombre esposo".

"Si, señores, ellas son la más bella esperanza que abrigo en mi pecho, porque estoy íntimamente convencido de que tanto los males como los bienes, le han venido al mundo de la mujer, y por lo mismo, no me juzgaréis extravagante, si después de probaros con la historia esta verdad, deduzco que la felicidad de México estriba en la educación de la mujer".

J.A.Plancarte

Si la idea principal del Modelo Pedagógico de José Antonio Plancarte, es la educación del corazón el papel primordial del maestro, sus comportamientos y sus metodologías didácticas debían ser congruentes con este fin. El modelo Plancartista circunscribe el éxito en un proceso de aprendizaje a seis principios fundamentales:

1. Testimonio

2. Cariño y Comprensión

3. Conocimiento y trato personal

4. Respeto y promoción de la personalidad

5. Innovación y creatividad.

6. Actitud Pedagógica

 

Testimonio

El primer principio Plancartista es: "Más se enseña con el ejemplo que con las palabras". Por lo tanto, los maestros y Directivos tienen que reunir en sí aquellas virtudes que se quieren enseñar. Los alumnos deben ver que sus maestros y autoridades practican todas las virtudes que les enseñan.

Cariño y comprensión

Las actitudes que un maestro y Directivo debe mostrar hacia los alumnos son de cariño y comprensión. Las conductas especificas que deben mostrar son:

· Ser comprensivos

· Moderar situaciones difíciles

· Reconsiderar cualquier castigo que piensen imponer

· Dar siempre una oportunidad mediante un acuerdo

· Disimular su propio dolor, en atención a los alumnos

· Ser considerado con las penas y sufrimientos de los alumnos

· Proteger a los alumnos de los peligros

· Procurar un ambiente festivo y jovial

· A pesar de sus múltiples ocupaciones pensar en los alumnos.

Por otro lado, Directivos y alumnos deben de manejar un trato personal a través de conocer a todos sus alumnos y ser capaces de hacer una descripción detallada de sus virtudes y carencias; Este conocimiento debe ser fruto de su atenta observación y de su disposición de escuchar a los alumnos.

Respeto y promoción de la personalidad

Evidentemente un conocimiento y trato personal es el antecedente lógico para sustentar una actitud de respeto y promoción de la personalidad de los alumnos.

De aquí que los Directivos y maestros deban preocuparse de que cada uno de sus alumnos aproveche al máximo sus capacidades y promover estas capacidades a través del reconocimiento.

Innovación y Creatividad

Los recursos, criterios y métodos didácticos que se utilicen deben ser innovadores y creativos: "Por excesivo temor a las innovaciones, hay demasiado apego a la rutina".

Actitudes Pedagógicas

Con relación a sus actitudes pedagógicas se definen magistralmente en la siguiente frase: "Gánenles el corazón. Háganles amable la virtud, interesante el estudio, grato el quehacer, desapercibida la vigilancia y fácil el camino al cielo".

En perfecta congruencia con la concepción de su filosofía de educación, el modelo Plancartista exige que la primera actitud que debe mostrar un maestro es la de ganarse el corazón de sus alumnos, es decir, el hacerse querer por ellos. Este afecto, debe ser un afecto recto, limpio que no busque sino el bien de sus alumnos. Este modelo afirma que el corazón de un alumno que no se siente querido por sus Maestros permanecerá cerrado a sus enseñanzas; la llave para abrir el aprendizaje es el cariño que el alumno percibe de parte de sus maestros.

Por lo anterior, el ambiente en general alrededor del proceso de aprendizaje, debe ser de tal manera agradable, que facilite este tipo de relación cordial y cariñosa.

El modelo Plancartista tiene claro que el peor método para formar valores y educar en la virtud es la violencia y la represión. Por tal motivo, afirma que sólo cuando se presenta la virtud como algo "amable", es decir, digno de ser amado, se logra suscitar en los alumnos el deseo de adquirirla y este deseo desencadenará los mecanismos que ayudarán a su consecución.

Por otro lado, cuando el estudio no le dice nada a un alumno, porque el contenido no tiene nada que ver con la realidad, o por la forma en que le es presentado, los resultados no se hacen esperar: el rendimiento académico es deficiente y el interés decae notablemente. Asociar una sensación de disgusto por aquellas tareas que les son encomendadas a los alumnos es la mejor manera para que las realicen de una forma ineficiente y poco gratificante.

José Antonio Plancarte no omitía la necesidad de la vigilancia, lo que propone en su modelo es un modo de realizarla -desapercibida- que no acabe por exasperar a los alumnos. Ya que consideraba que si los alumnos se sentían a disgusto en este aspecto todo se viene por tierra.

El modelo sugiere la necesidad de un clima de conveniente disciplina y no en manejar la asechanza pronta a reprender y sancionar. Más que supervisión se debe manejar un acompañamiento personal. Un recurso en este sentido, es conceder a los propios alumnos un cierto grado de autoridad, que los convierta en alguna medida en colaboradores de las figuras de autoridad.

José Antonio Plancarte manifestaba a sus maestros en este sentido: "Procurad más bien ser benignos que justos"

 

 

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